El misterio en torno a la desaparición de Rosmery Aramayo Torres sumó ahora el hallazgo fortuito de restos óseos en una zona rural cercana al Paraje “Curva de Juan” por un lugareño que transitaba por el área de El Palmar, cerca del lugar. El punto es un sector aislado ubicado a unos 60 kilómetros al este del cruce entre la Ruta Nacional 34 y la Ruta Provincial 54. Tras alertar a las autoridades policiales, se activó urgente el protocolo de contingencia y reavivó la expectativa en torno al paradero de Aramayo.
Tras ser alertados, el Departamento de Investigaciones Zona Norte, con base en Tartagal, viajó para asegurar la escena. Fuentes policiales confirmaron que el hallazgo fue producto de los rastrillajes habituales y los diagramas de búsqueda que las brigadas operativas mantienen activas en la región para dar con personas extraviadas. Peritos de Criminalística trabajaron en el terreno recolectando cada uno de los huesos bajo estrictas normas de bioseguridad, a fin de evitar cualquier tipo de contaminación que pudiera alterar los análisis posteriores.
Redes sociales y diversos foros digitales dieron por sentado que los restos pertenecen a Aramayo Torres y para evitar más especulaciones, la Jefatura de Policía de Salta llamó públicamente a la prudencia y a la cautela, recordando la sensibilidad del caso para el entorno familiar. En esta etapa preliminar, recordaron, resulta científicamente imposible determinar la identidad, el sexo o la data de muerte de los restos encontrados a simple vista.
Las muestras, trasladadas bajo un riguroso proceso de cadena de custodia a los laboratorios forenses, serán analizadas por un equipo multidisciplinario de antropólogos y genetistas, quienes llevarán a cabo los estudios biológicos con el fin de extraer ADN viable y una vez obtenidos estos perfiles, se cotejarán con las muestras de sangre tomadas a los familiares directos de Aramayo; paso técnico definitivo para la causa.
Dadas las condiciones en las que se encontraron los restos (y a la intemperie), los especialistas ya advirtieron a las partes que el proceso de laboratorio demandará un tiempo prolongado y requerirá un trabajo minucioso. El control de la investigación se encuentra centralizado en la Unidad Fiscal de Graves Atentados contra las Personas (UGAP), único organismo que, tras recibir los informes científicos definitivos, emitirá una confirmación oficial y determinará los pasos a seguir en la causa judicial.
El misterio en torno a la desaparición de Rosmery Aramayo sumó un capítulo crucial tras el hallazgo fortuito de restos óseos en una zona rural. Un lugareño que transitaba por el área de El Palmar, en las inmediaciones del paraje Curva de Juan -un sector aislado a unos 60 kilómetros al este de la intersección entre la Ruta Nacional 34 y la Ruta Provincial 54-, alertó de inmediato a las autoridades policiales sobre la presencia de lo que parecían ser huesos humanos. El descubrimiento activó de forma urgente los protocolos de contingencia y reavivó la expectativa social sobre el paradero de la mujer intensamente buscada.
Al recibir la alerta, personal del Departamento de Investigaciones Zona Norte, con base en la ciudad de Tartagal, se desplazó hasta el lugar para asegurar la escena. Fuentes policiales confirmaron que el hallazgo se produjo en el marco de los rastrillajes habituales y diagramas de búsqueda que las brigadas operativas mantienen activos en la región para dar con personas extraviadas. Los peritos de Criminalística trabajaron en el terreno recolectando cada uno de los elementos óseos bajo estrictas normas de bioseguridad, con el objetivo de evitar cualquier tipo de contaminación que pudiera alterar los análisis posteriores.
A las pocas horas de conocerse la noticia, las redes sociales y diversos foros digitales se inundaron de versiones que daban por sentado que los restos pertenecían a Aramayo. Ante esta ola de especulaciones, las autoridades de la Jefatura de Policía llamaron públicamente a la prudencia y a la cautela, recordando la sensibilidad del caso para el entorno familiar. Desde la fuerza recalcaron que, en esta etapa preliminar, es científicamente imposible determinar la identidad, el sexo o la data de muerte de los restos encontrados a simple vista.
Para arrojar luz sobre el hallazgo, las muestras fueron ingresadas formalmente a un riguroso proceso de cadena de custodia y trasladadas a los laboratorios forenses. Allí, un equipo multidisciplinario de antropólogos y genetistas llevará a cabo minuciosos estudios biológicos con el fin de extraer perfiles de ADN viables. Una vez obtenidos estos perfiles, se procederá a realizar el correspondiente cotejo genético con las muestras de sangre tomadas a los familiares directos de Rosmery Aramayo, un paso técnico que resultará definitivo para la causa.
Debido a las condiciones en las que suelen encontrarse este tipo de restos a la intemperie, los especialistas ya advirtieron a las partes que el proceso de laboratorio demandará un tiempo prolongado y requerirá de un trabajo de laboratorio minucioso. El control de la investigación se encuentra centralizado en la Unidad Fiscal de Graves Atentados contra las Personas (GAP), organismo que, tras recibir los informes científicos definitivos, será el único encargado de emitir una confirmación oficial y determinar los pasos a seguir en la causa judicial.



