La ciudad boliviana de Yacuiba, vecina a Salvador Mazza (Salta), declaró emergencia sanitaria por chikungunya y determinó la paralización total de actividades públicas y privadas los días 25, 26 y 27 de febrero. La medida busca eliminar los criaderos del mosquito Aedes aegypti, vector del chikungunya y el dengue, mediante jornadas de limpieza, fumigación y deschatarrarización en distintos distritos.
Hasta el 21 de febrero se habían confirmado 27 casos positivos de chikungunya en Yacuiba, con síntomas que incluyen fiebre alta, dolores articulares intensos, cefalea y erupciones cutáneas. Las autoridades sanitarias advierten que la enfermedad no debe subestimarse, ya que puede dejar secuelas durante meses, como insomnio y problemas dermatológicos.
El Centro de Operaciones de Emergencia Municipal (COEM) coordina las acciones junto a fuerzas de seguridad, instituciones educativas y organizaciones vecinales. Durante los tres días de paralización, no habrá actividad comercial ni administrativa, con el objetivo de que la población participe activamente en la limpieza de sus hogares y barrios.

Impacto en Argentina
Ante el incremento de casos en Yacuiba y Bermejo, el Ministerio de Salud Pública de Salta dispuso reforzar los controles en las localidades fronterizas de Aguas Blancas y Salvador Mazza. Se intensificará la vigilancia epidemiológica y se recomienda a quienes hayan viajado recientemente a Bolivia estar atentos a síntomas como fiebre alta, dolor articular, sarpullido o cefalea.
Las autoridades recomiendan en no automedicarse y acudir de inmediato a un centro de salud en caso de presentar síntomas compatibles, evitando el uso de aspirinas o ibuprofeno, que pueden agravar el cuadro clínico.
Una amenaza compartida
La emergencia en Yacuiba se suma a los más de 73 casos confirmados de chikungunya en el departamento de Tarija, donde municipios como Bermejo, Villa Montes y Cercado también se encuentran afectados. La situación genera preocupación en el norte argentino, donde la circulación de personas durante el Carnaval incrementó el riesgo de propagación del virus.
La clave, remarcan los especialistas, está en la eliminación de criaderos de mosquitos: llantas, botellas, recipientes en desuso y cualquier objeto que acumule agua. Sin esa tarea comunitaria, las fumigaciones pierden efectividad y el riesgo de contagio se mantiene.



