En el marco del Expo Encuentro Nacional de Artistas que se lleva a cabo en Tartagal del 10 al 12 de abril, dialogamos con José Kura, referente indiscutido del muralismo con más de 40 años de trayectoria. El artista compartirá sus conocimientos en un taller teórico-práctico que culminará con la creación de un mural en el Centro Cultural de los Pueblos Originarios.
Con una humildad que solo los grandes maestros poseen, José Kura llegó a Tartagal para participar de un evento que reúne a talentos de todo el país. El muralista correntino, que ha dejado su huella en países tan distantes como Israel y Jordania, se muestra entusiasmado por compartir con los artistas locales y vecinos en lo que define como una ciudad “muy bella y con mucha identidad”.
Del estetoscopio al pincel
Pocos saben que Kura, impulsado por el deseo de su padre farmacéutico, cursó cuatro años de la carrera de Medicina. “Me iba bien y me gusta la medicina hasta el día de hoy, pero me gusta más el arte”, confiesa entre risas. Fue una elección de vida difícil, cargada de dudas iniciales, pero que el tiempo se encargó de confirmar. “Me di cuenta de que mi vocación y mi vida andaban por las paredes, el papel, el lápiz y la pintura”, relata, reconociendo que, aunque el camino del arte es sacrificado y no permite “bajarse de los andamios”, es la elección que lo hace feliz.

La técnica del esgrafiado: Una marca de identidad
Uno de los pilares de su visita es la enseñanza de la técnica del esgrafiado, una labor milenaria a la que Kura, junto a su gran maestro y amigo Juan Carlos Soto, le dio una “vuelta de tuerca” en la década del 90 en Corrientes. Esta técnica se ha expandido por diversas provincias y países vecinos como Bolivia, Perú, Paraguay y Brasil, gracias a encuentros similares al que hoy vive Tartagal.
“No me pienso guardar nada”, afirma Kura con generosidad. El taller que dictará no solo será teórico, sino que buscará que los artistas locales se apropien de los rudimentos de la técnica a través de la práctica directa en un mural que quedará como legado en el Centro Cultural de los Pueblos Originarios.

El valor de los maestros y el viaje
Al recordar sus inicios, Kura rinde homenaje a Juan Carlos Soto, quien falleció en 1995: “Él fue mi maestro, mi amigo… fue quien de alguna manera me introdujo en este universo del muralismo”. También menciona influencias de grandes muralistas mexicanos y maestros internacionales como Ariel Kotler de Israel, de quien aprendió aspectos clave del esgrafiado.
Para Kura, la formación de un artista no termina en los libros ni en las nuevas tecnologías. Su consejo para las nuevas generaciones es claro: viajar. “Hay que viajar, conocer otros artistas, otros lugares… uno tiene que viajar en la medida de lo posible para enriquecerse”, asegura quien ha realizado 18 obras entre murales y esculturas solo en Israel.
Un legado en movimiento
A sus 40 años de oficio, José Kura entiende que su rol actual es el de transmitir lo aprendido. “La historia sigue, no debe culminar con uno… hay que enseñar, motivar e incentivar”, concluye. Con esa premisa, Tartagal se prepara para tres días de pura creación, donde las paredes dejarán de ser simples muros para convertirse en relatos vivos de identidad y arte compartido.



