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En los últimos 15 días, los casos de coronavirus en Tartagal incrementaron un 150 por ciento y al 15 de agosto, se han notificado seis fallecidos, dos de ellos post-morten. El aumento de positivos llevó a la habilitación del Hospital de Campaña. Sin embargo, la gravedad sanitaria que hoy vive la ciudad no ha dejado de lado el uso político de las tragedias.

En la línea de tiempo, los primeros casos de Covid-19 se reconocen en diciembre de 2019, con la notificación a la OMS de «extraños casos de neumonía». Solamente la ProMed Crowdsourced reproduce el informe del Comité Municipal de Wuhan un día antes; el 30 de diciembre; del comunicado oficial de China al organismo de salud internacional.

El avance de la enfermedad hacia el resto de Asia, Europa y América del Norte, llevó a que la OMS la declarara «pandemia» el 11 de marzo de 2020. El 2 de abril, el mundo superó el millón de afectados. El 27 del mismo mes, los 3 millones.

Desde las primeras publicaciones relacionadas a la Covid-19, se han atravesado y vivido siete olas de información: la primera, el origen del virus, que abarcó a murciélagos, laboratorios chinos y norteamericanos, hasta Bill Gates. La segunda ola utilizó la edición de videos sobre desmayos de gente en lugares públicos, lo que llevó al pánico de los pobladores y de allí a la tercera ola con la difusión masiva de supuestas curas y falsas medidas preventivas

A partir de la cuarta ola es que comienza a utilizarse el virus para manipular a la sociedad global. La cuarta ola tuvo como característica principal la difusión de mensajes racistas y la quinta le siguió con la propaganda de supremacistas.

Bloqueos de sitios y desinformación a través de noticias falsas o infundadas significaron el desarrollo de la sexta ola, que abrió paso así a la séptima ola; la del uso político del virus bajo los objetivos de generar pánico y desinformar al ciudadano, sin escrúpulos para presentar datos falsos; el gobierno «A» contra el gobierno «B».

Más medios no significa más periodismo de calidad. La interferencia y la influencia de la política con la ciencia lleva a conflictos de intereses, afecta a la calidad de noticias sobre la salud y no enfoca en las inquietudes que el ciudadano debería plantear: ¿qué mundo tendremos en los próximos dos años?, ¿cómo se fortalecerán los sistemas de alerta temprana y respuesta rápida para prevenir la expansión de enfermedades infecciosas? ¿cómo se fortalecerá la salud pública? ¿cómo impacta en la educación? ¿cómo quedará la capacidad fiscal de un municipio, provincia o país?

«Les pido una tregua a la clase política, les pido una tregua a la clase dirigencial gremial, (…) critiquen lo que hay que criticar, que digamos lo que tengamos que decir, pero que trabajemos juntos y busquemos soluciones (…) la única vacuna que existe somos nosotros mismos y tenemos que cuidarnos entre nosotros (…) independiente de donde venimos (…) no hagamos más política, oportunismos y mezquindades, que lo único que hacen es afectar y generar miedo, generar pánico en la gente», declaraba este sábado por la mañana el gobernador Gustavo Sáenz.

La referencia a la polarización que señaló el mandatario provincial enfocaba también en la conducta de los medios. En Argentina predomina la noticia falsa (para llenar vacíos de información) y existe un largo historial al respecto (Ej: desaparición de la familia Pomar); pero actualmente hay dos líneas: la noticia falsa no tiene contenido verificado y no necesariamente apunta a desinformar.

La llamada «Fake News» (noticias falsas) es todo lo contrario y apunta; con estrategia planificada; a desinformar, busca la reacción para vaciar de contenido el debate, amedrentando o intimidando mediante el uso de las herramientas comunicativas.