La implementación de las medidas de ordenamiento vehicular y sistemas de cobro en la vía pública trajo de regreso el debate sobre el trabajo de los cuidacoches (trapitos) en la región. Las normativas provinciales buscan frenar los cobros ilegales con controles más estrictos, pero en la calle la necesidad económica muestra otra cara de la misma realidad.
Luis tiene 55 años, está próximo a cumplir 56 y se gana la vida cuidando motos en las adyacencias del Hospital Perón de Tartagal. Su día a día expone las diferencias entre quien trabaja de manera respetuosa y quienes generan rechazo en los vecinos por manejarse de forma violenta o deshonesta. Lleva dos semanas en su puesto actual tras haber trabajado cerca del hipermercado de la avenida 24 de Septiembre.
“Acá (ciudad), en la plaza hay mucha gente que se pone el chaleco, pero son maleducadas. Si no le das, te exigen… Yo cuido motos, pero es a voluntad de la gente. Si la gente tiene, tiene; y si no tiene, lo mismo: ‘Vaya, que Dios me la bendiga'”, relata Luis, pidiendo que no se mida a todos con la misma vara.
Sus ingresos dependen de la voluntad de los conductores, sin tarifas fijas ni exigencias. En un mediodía junta unos 15 o 16 mil pesos y por la tarde una cifra similar, con aportes que van desde los 100 hasta los 2.000 pesos. Atribuye la continuidad de su trabajo a una conducta personal tranquila: no toma alcohol y prefiere guardar lo recaudado para compartir unos mates.
A nivel provincial la actividad atraviesa un proceso de cambios profundos. En Salta Capital el estacionamiento medido funciona de manera digitalizada con permisionarios autorizados mediante código QR y tarifas fijadas por el Concejo Deliberante en 800 pesos para autos y 300 pesos para motos. La Cámara de Diputados avanza con modificaciones al Código Contravencional para aplicar multas de hasta 360.000 pesos o días de arresto a quienes cobren de forma coactiva o sin autorización.
En Tartagal se encuentra regulado por la Ordenanza Nº 1268/07 y la Resolución Municipal Nº 20.658/14. En medio de estos controles, está la historia de Luis que refleja el trasfondo de tantos trabajadores informales que ven en el cuidado voluntario de vehículos una “changa” indispensable para subsistir.



