La discusión sobre la reforma electoral ha desnudado una contradicción: los mismos dirigentes olmedistas que aplauden de pie la intención de Javier Milei de “limpiar” el sistema nacional, se rasgan las vestiduras y denuncian un “atentado a la democracia” cuando las mismas ideas se debaten en suelo salteño. Tienen memoria selectiva: no recuerdan que cuando el ministro del Interior, Diego Santilli, visitó Salta en enero último, afirmó que el voto electrónico garantiza la transparencia, al igual que la boleta única de papel.
Hace apenas unos días, el Ejecutivo Nacional envió al Congreso un proyecto para eliminar las PASO (Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias). En Salta, ya se eliminaron y se está debatiendo un sistema más ágil. Sin embargo, para el olmedismo, lo que en Buenos Aires es “viento de libertad”, en Salta es “querer perpetuarse en el poder”. Lo cierto es que, como pasa seguido la labor legislativa olmedista es casi nula y no presentaron ninguna opción para el debate. Como siempre, solo apelan a la confusión y a los agravios.
Al no haber PASO, la reforma propuesta ordena la interna en los partidos, evitando el dedo. Y la baja del piso electoral permite mayor representatividad, ya que no se exige llegar al 5% para poder acceder a la distribución de cargos, que deja afuera a opciones elegidas por la gente. Curioso que quienes dicen defender la “libertad” se opongan a una medida que democratiza la representación y quita el monopolio a los grandes aparatos.
Milei plantea una reforma electoral a nivel nacional. Seguramente tendrá sus puntos buenos y sus aspectos discutibles. El olmedismo se limita a aplaudir a rabiar lo que se presenta en el Congreso Nacional y queda en evidencia su doble vara. Como ellos dicen: principio de revelación.
Y es que la estrategia de la oposición olmedista está floja de papeles. Los datos matan el relato: el proyecto salteño mantiene la elección directa del gobernador. Gana el que más votos individuales saca. Punto. Y para sumarle transparencia al debate, la reforma en Salta incluyó el escrutinio definitivo manual. Es un estándar de seguridad que incluso supera lo que se está discutiendo a nivel nacional.
Al final del día, la política de la indignación selectiva tiene patas cortas. No se puede ser reformista en la General Paz y lo opuesto en la Plaza 9 de Julio de Salta Capital.



