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Región Norte Grande.- La peor sequía registrada en los últimos 40 años empeora la situación histórica y coyuntural por la que atraviesan campesinos e indígenas del chaco salteño. A la desnutrición, dengue y falta de agua sana se suma la pandemia de Covid-19 y ahora, una sequía que pronostican se extenderá otros seis meses más.

«Para marzo recién se espera que se pueda revertir la situación. Si bien se esperan para noviembre y diciembre las primeras lluvias el déficit de agua es grave. La última precipitación importante se produjo en octubre de 2019. Esperamos que el Pilcomayo y el Bermejo tengan alguna respuesta en diciembre, pero tampoco será suficiente. En enero se calcula que habrá un flujo importante de ingreso de humedad desde el Pacífico por el fenómeno de La Niña en el sur de Bolivia y es cuando esperamos que crezcan los ríos. Es por eso que decimos que en marzo se puede regularizar la situación. Es un tramo muy largo y las comunidades la están padeciendo», dijo Luis María De la Cruz, titular del Sistema de Monitoreo Participativo y Alerta Temprana del río Pilcomayo.

«Esto hace que la situación en diferentes regiones del Chaco se torne en insostenible para la producción agropecuaria e incluso para la vida silvestre», destacó el investigador en un informe de la corresponsal Alba Silva, para Télam.

Para los pequeños agricultores, la ausencia de lluvias afecta severamente sus economías ya que sin agua ni alimentos para cabras, ovejas, porcinos y vacas las pérdidas son «devastadoras«, según explicó el referente del Frente Nacional Campesino (FNC), Benigno López.

«Si bien desde Nación se están perforando pozos en Morillo y en Santa Victoria Este estamos muy lejos aún de satisfacer las demandas de agua sana por lo que nuestras poblaciones son focos potenciales de enfermedades vinculadas al parasitismo y la deshidratación», dijo De la Cruz.

La sequía en la región del Gran Chaco sudamericano, que también afecta a la Cuenca del Plata, es «la más intensa» de los últimos 20 años, según los especialistas, y tiene entre otras graves derivaciones incendios, mortandad de ganado y pérdida de cultivos para pobladores de tres provincias del norte argentino. Las bajantes extremas en los ríos Paraná, Iguazú, Uruguay y Paraguay que dan cuenta de este fenómeno.

Incendios
«La proliferación de incendios en toda la región es otro indicador bien claro de la crítica situación que se está viviendo», dijo científico. Al detallar el comportamiento de «la seca», como también se le dice, De la Cruz detalló que entre 2015 y 2019 «la superficie promedio de incendios para el primer semestre del año es de 586.510 has, pero para el mismo período en 2020 fue de 2.348.371 hectáreas«.

Pequeños productores agrupados en los Consorcios Productivos de Servicios Rurales de la provincia del Chaco, esperan «pérdidas totales» de sus ganados, especialmente de las vacas, si para fines de octubre no llueve, aseguraron.

«La pérdida total en cultivos ya está y si pasa de octubre y no llueve, noviembre, diciembre, las pérdidas serán totales. No quedarán animales vivos», dijo desde Miraflores, a 166 kilómetros al noroeste de Roque Saénz Peña, en pleno Impenetrable de la provincia del Chaco, Daniel Jaimes, a cargo del Consorcio El Quebracho nº74.

El productor contó que ya alcanzaron el punto crítico en el que «empezaron a morir las vacas. Una o dos por día. El domingo pasado encontramos 20 vacunos muertos» y se mostró desconsolado por el pronóstico del clima que no espera lluvias para los próximos meses.